viernes, 24 de abril de 2015

El abismo

Resumen parte 1- El abismo  (No editado, inconcluso)


Este último tiempo desde el gran quiebre o punto de inflexión en mi vida que todos saben, ha sido súper crítico. Muchas cosas –en su mayoría malas, muy malas- me han ocurrido, no entiendo por qué. Serán las acciones pasadas que realicé? Existirá lo que algunos denominarían Karma..Pues yo no lo creo y si existiera, analizando bien la situación no hice cosas malas...Sino fue producto del miedo que me embargaba, de la soledad que estaba viviendo y la falta de consejos o que alguien me escuchara, sólo hice las travesuras de un adolescente de 18 años por un periodo corto...apenas 6 meses como máximo y eso no me puede marcar mi vida, mis  21 años donde he sido muy responsable y el mejor en todo lo que me he propuesto.
Desde que se separó mi tierra, mi territorio y se creó ese gran abismo en mi alma que aún no desaparece, es una herida abierta y latente a la hemorragia de forma muy fácil, una canción, un recuerdo, un peluche, un lugar y/o alguna mala noticia siempre me hace intentar saltar ese gran abismo para llegar a tierra firme – o que yo creo firme- del otro extremo... Pero nunca llego, ese terreno está lejos y casi inalcanzable. Tras ese ese episodio y de los ríos desolados que lloré, de la depresión en la cual nunca quise estar y por lo cual  busqué ayuda imparcial en una psicóloga que ahora la tengo en mi red de contactos. Ella me hizo valorarme como persona...ya que yo nunca había visto que soy una persona súper fuerte, súper decidida y agerrida. Soy un chico súper bueno, súper responsable.
Tras poder levantarme y sacudirme gracias a Mónica (psicóloga) tuve que someterme a una cirugía de causa desconocida – no quiero saber cómo fue que me dio esto-. Fue un momento muy triste ya que me sentí súper solo, mis padres se desentendieron de mi gran problema de salud...no me ayudaron, nunca les importó. Hice todo solo y como iban las cosas parece que yo me debía costear todo. Quise nuevamente saltar el abismo, pero mientras iba tomando vuelo para poder llegar me arrepentí y no salté. Esa gran energía que junté para poder saltar obligatoriamente la transformé en rencor para que éste fuera mi piso y poder apoyarme de él. La noche de hospitalización fue quizás una de las noches más solitarias que he tenido en mi vida. Sólo  miraba la hora, después miraba el techo y recordaba la voz cálida de aquella persona que cuando supe que tenía que operarme me dio su apoyo, aliento, me calmó y me dijo que iba a estar conmigo en todo el proceso porque me amaba y quería mi bienestar. Quizás eso fue la pena más grande que tuve en ese momento... Porque mi pilar ya no estaba y yo ya no era su pilar para él, su techo para resguardarlo,  protegerlo y distraerlo. Mamá no pudo ser mi pilar, me lo demostró aunque sea una mujer muy aguerrida y una mamá excelente...ella no me puede contener. Producto de ello tuve la discusión más fea que pude tener en mi vida, es la mujer que más amo, la mujer por la que di todo lo que pude dar a mis 17 años cuando estaba enferma. Me puse la camiseta por ella, hice todo lo que estuve a mi alcance. Lloré mucho, sufrí mucho por ella y siempre a las personas de más confianza les cuento que con mi mamá viví el momento más triste de mi vida – o quizás uno de los dos momentos más tristes de mi vida- , ese momento en el cual mi mamá sentía mucho dolor, no se movía...estaba tiesa y sollozaba mientras que yo cocinaba una carbonada por primera vez revolviendo la olla y las lágrimas no paraban de correr por mis mejillas al estar tan desesperado ya que mi mamá se me estaba yendo y no podía hacer mucho. Terminé la carbonada, me sequé las lágrimas y forcé una risa porque eso es lo que ella necesitaba ver de mi, una sonrisa y escuchar todo lo nuevo que estaba viviendo en mi vida universitaria. Era eso lo que yo quería que ella escuchase. Mamá no se comportó de la forma en que lo hice yo cuando necesité su ayuda, estaba muy decidido en irme de la casa para que sufrieran, porque la verdad es que quería que sufrieran porque yo siempre tuve que lidiar con sus problemas, ver y escuchar sus llantos... Pero nunca se preguntaron que sentía su hijo... NUNCA!




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