jueves, 25 de junio de 2015

Proyectando esperanzas

Las cosas iban bien, el día comenzaba con una brisa refrescante, donde Luis sentía que era capaz de hacer lo que se propusiese en esta vida. En esa mañana los pájaros cantaban con más fuerza a comparación a las semanas anteriores debido al inicio de la primavera como todos los meses de Septiembre de cada año, aquella temporada  les otorga abundancia en alimento y una temperatura adecuada para que las aves puedan dejar descendencia y ésta no tenga problemas en su sobrevivencia. El termómetro marcaba exactamente 19°C y el reloj de llevar de Luis estaba a punto de marcar las 11 horas en punto. El muchacho se sentía feliz y pleno aquella mañana, sentía que nada ni nadie podía arrebatarle sus sueños, no había ningún obstáculo imposible de superar ni tampoco tenía algún problema de salud que le imposibilitase de seguir en su camino que imaginaba que iba ser fenomenal. Recordaba aquel discurso que le dio  su director de escuela al iniciar el año escolar el año 1995 donde señalaba y daba por hecho que las metas son algo sustancial que depende de lo
que aspiremos y pensemos en los tiempos indicado durante nuestras vidas, en definitiva las metas pueden ser tan pretensiosas o ambiciosas que depende directamente  de hasta donde se está dispuesto a llegar y/o sacrificar. Es ahí donde Luis no entiende muy bien el mensaje, que será mejor… Superar los obstáculos, esquivarlos o derribarlos a puño limpio y la otra duda que le surge al recordar el mensaje del director es que mencionó que para cumplir metas se debía sacrificar –casi obligatoriamente-  cosas, entonces naturalmente viene la pregunta ¿ Es malo ponerse metas ambiciosas ya que estaré continuamente arriesgando cosas que tengo seguras o son de mi agrado? pero –en ese momento- no era algo que le aquejaba pues no tenía ningún obstáculo, no era el momento de proyectar su vida y las palabras del director habían sido ya hace más de 5 años, quizás el señor ya estuviese muerto y la gente rumoreaba que estaba un poco loco. Esa mañana él se sentía más fuerte que cualquier otra persona que pisaba la tierra

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